Friday, October 17, 2008

Full Moon Party - Las Reglas

A medida que la noche iba transcurriendo, de mal en peor, se me ocurrían ciertas reglas de convivencia con las que salir vivo y sin remordimientos al día siguiente:

Regla número 1 - No tener novia, o ir con la novia. El nivel de hormonas que fluía libremente de un lado a otro transportado por la brisa marina no se le escapa a nadie. Sin duda, si no te gusta bailar y lo que quieres es tantear la posibilidad de un ligue momentáneo, mejor estar soltero. De lo contrario, las tentaciones son notables.

Regla número 2 - Ignorar y sonreir. El alto nivel de hormonas en el ambiente, no sólo tiene un carácter sexual, también tiene un carácter hostil, habitualmente asociado a los bien conocidos "Hooligans", dígase de individuos de nacionalidad, generalmente, Inglesa, Alemana, Holandesa o Americana, con un elevado grado de alcohol en sangre, suprahormonados con biceps del tamaño de mi cabeza y espaldas que son dos mías, empujando y gritando por allí donde pasan. Sin duda, ejemplares que más vale la pena esquivar, ya que evitarlos es difícil.

Regla número 3 - Estar en condiciones. Haber dormido lo suficiente para aguantar toda la noche hasta el amanecer, y poder comer y beber según apetezca.

Regla número 4 - Controlar el nivel de borrachera. A no ser que ese sea el objetivo, si quieres, uno, comerte un rosco, dos, evitar una pelea y, tres, aguantar toda la noche, es aconsejable controlar el nivel de alcohol en sangre. Demasiado borracho puede acabar en ser llevado al clínico más cercano por tus amigos, si tienes; una paliza descomunal por alguno de los "Hooligans" con ganas de barullo; oh, oh, resulta que no era del todo chicañ; o la opción más inocente que es quedarte dormido en la playa a expensas de lo que el resto de participantes de la fiesta decida hacer contigo, como por ejemplo, enterrarte en la arena.

Yo tenía novia y no estaba en condiciones físicas para aguantar toda la noche. De hecho, en un momento dado, tuve la urgencia de buscar un lavabo. Así que me limité a seguir las reglas 2 y 4. Sin entrar en detalles, el Petit siguió las misma que yo, además de la 3.

Y ahí lo dejo para las mentes inquietas.

Full Moon Party - Lo que pasó

Yo estaba más centrado en reencontrarme con Steph y Rotem, quienes había conocido en la India (léase http://india-adifferentencounter.blogspot.com) y que se encontraban en otra isla. Y con esa idea salí temprano por la mañana hacia Koh Pha-Nga, lugar donde esa misma noche experimentaríamos nuestra primera "Full Moon Party". La original. Bueno, hay mucho que discutir al respecto.

El Petit iba a reunirse conmigo más tarde, una vez finalizado su curso de submarinismo. Y sin más preámbulos, allí nos encontrábamos. Sumergidos en una marabunta de personas y alcohol. No dudo de la existencia de drogas, pero curiosamente no fui ofrecido en ninguna ocasión. Todo lo contrario a la India, donde te ofrecen desde extasis hasta la peor maría por la calle y rodeado de cientos de personas.

El alcohol era servido en diversas formas según el grado de alcoholemia que quisieras tener en el cuerpo. Una borrachera de las inolvidables que incluyen un dolor de cabeza que dura todo el día siguiente era servida en los típicos cubos de playa, a los que sólo faltaba añadir la pala de plástico. Atrás quedan los inocentes recuerdos de mi infancia construyendo castillos de arena.

Una borrachera moderada, por otra parte, podía ser adquirida mediante las bien conocidas botellas de cerveza. Petit optó sabiamente por la segunda opción, mientras que yo me limité a las menos habituales botellas de plástico con agua en su interior. Recordemos la Ley Seca a la que estaba sometido.

La playa estaba compuesta por bares que iban de una punta a la otra ofreciendo música que se entremezclaba en aquello que todos conocemos como ruido. Si no es que consideramos ruido a la purria de música techno y de los noventa que ponían todos. En la playa la gente bailaba, bebía, hacía malabares con fuego, dormía, hablaba, vomitaba y porque no, también follaba. 

A la fiesta acudimos con Rotem y Steph, y por algún extraño motivo, que no alcanzo comprender, nos pasamos toda la noche siguiendo los deseos de Rotem, caminando de un bar a otro en busca de la música perfecta para bailar. ¡Pero si a mi no me gusta bailar! Esta música es mala, busquemos otra cosa. Al cabo de un rato, esta música me ha cansado, volvamos a movernos. Entre ubicación y ubicación, el Petit se iba encontrando con nuestra amigas de Koh Tao, Naomi, Sophie y Nina que también estaban en la fiesta. Así que entre mensajes localizándolas a ellas y mensajes localizándome a mí, se debería gastar su buen fajo de billetes en factura telefónica, que espero detalle algún día.

Al final de una hora rondando sólo por la playa sin mucho que hacer, pues las chicas se habían ido a comer alguna cosilla y el Monzón estaba con las inglesas, o eso creía yo, recibí la llamada salvadora. Las inglesas se iban a dormir, y como causa y efecto, el Monzón también. Y yo me subí al carro. Un tuk-tuk ocupado por un Nina llorando y vomitando, una pareja de holandeses consolándola, Naomi, Sophie y Monzón, este último, como no, fumando, una lady-boy, un gilipollas terminal y su ligue de la noche.

Una fiesta para olvidar.

Sunday, October 5, 2008

Ley Seca

A pesar de todo lo que pueda parecer, no estaba del todo a solas cuando el Petit se metía en el agua. Nuestro Briatore había hecho el trabajo sucio de conocer, en un bar de Bangkok, a dos inglesas que también iban a Koh Tao. Sophie y Naomi.

Ellas, por su parte, habían hecho amistad con una holandesa que viajaba sola. Algo loca, como casi todas las holandesas que he conocido desde que estoy por estos lares. Pero divertida, desde un punto de vista. Hay muchas cosas que dependen siempre de nuestro punto de vista. En fin, que Naomi y Nina tampoco estaban haciendo el curso, así que podía pasar el rato con ellas. Cosa que apenas hice.

Cabe añadir a estas alturas que la taja de la primera noche no sentó muy bien a mi estómago, y el virus que transportaba desde la India había decidido renacer. Así que no estaba ni para ir de compras, ni para Muai Thai, ni para tumbarme a freirme bajo el sol demoledor de estos paralelos. Sólo podía pensar en estar en posición horizontal.

Pero la recaida era peor de lo que esperaba y no tuve más remedio que acudir a un clínico donde me recetaron un colorido de pastillas. Unas para el dolor (blancas), otras para parar en seco las ganas (negras) y otras para matar el bicho (rosas), antibióticos.

Y así comenzo, para mi persona, la Ley Seca que duró hasta la última noche que pasamos juntos.

Blup, blup, blup...

Tailandia es conocido por varios motivos a parte de su turismo sexual. Fantásticas islas y playas paradisíacas (Véase la película "La Playa"), el lugar más barato en el mundo donde sacarse la licencia de submarinismo, el muay thai y los malabares con fuego. Pues bien, el Petit ya hacía años que me decía de ir a hacer submarinismo, y una de las sugerencias para que el chico se decidiera a venir, era sumergirnos en aguas Tailandesas. Sin menospreciar la Costa Brava, pero parece más tentador, ¿no?

Pero mis intenciones distaban de gastarme casi 180 eurazos en un curso de 5 días que seguramente no podría acabar. La última vez que practiqué submarinismo no pude compensar y tuve que dejar la inmersión. El dolor en los oidos no era muy agradable. Y desde entonces que no meto pie en el agua por esos motivos.

Pero el Petit estaba ilusionado, y aún sin estar seguro de si podría finalizar el curso, él sí decidió arriesgarse a pagar susodicha cantidad de dinero.

Estábamos en el lugar ideal para esta práctica. De hecho, la gente va a Koh Tao principalmente para hacer submarinismo. Si no lo practicas, parece que estes fuera de lugar. Como si no te metes drogas en Goa, o no practicas surfing en las playas de Sri Lanka. Lo único que te queda es relax y aislarte del mundo.

Y mientras el uno se vestía de neopreno para ver pececitos, el otro se relajaba como podía, durmiendo básicamente. Lamentablemente, al respecto de su curso, sólo puedo decir que se lo sacó al más puro estilo Monzón. Copiando las respuestas de una chica que había empezado un día antes, levantándose a horas intempestivas para leer un poco antes de empezar la sesión, y, como no, con la instructora ayudándole con las respuestas del examen final.

¿Que puedo decir? ¡Yo con este, no me meto!

Saturday, October 4, 2008

...y fuera de ella.

Ya habíamos salido de Bangkok, sin una ruta muy establecida, pero que tarde o temprano nos acabaría llevando a la Full Moon Party en Koh Pha-Nga, pero de la cual hablaremos más tarde. Y aunque nuestra primera parada era Koh Tao, tampoco es el momento de hablar de esta tranquila isla del este de Tailandia.

La cuestión que se plantea aquí es el sexo latente en todos y cada uno de los rincones del país. Parecía como si toda ciudad o pueblo tuviera su Sukhuvit o Khao San Rd. Y Koh Tao no era una excepción, simplemente que no nos movimos de nuestra calita. Pero tanto Koh Pha-Nga, Kanchanaburi, Ayuthaya o Phuket tenían su lado más oscuro.

En Koh Pha-Nga solo tenías que ir dirección a Hat Rin, y aún sin llegar, a cada lado de la carretera te encontrabas bares. Los letreros lumisosos eran los estandartes, las banderas, pero el frente de batalla era la primera imagen que uno recibía al ir conduciendo con la moto. Un pelotón de chicas y lady boys listas para atacar tu cartera a cambio de algo de sexo te hacen señas y llamadas insinuantes para que caigas en la trampa. Pero sólo cae el tonto o el que lo busca, pues la mayoría estaban vacíos.

Y la misma imagen era desplegada en una u otra calle de cada ciudad, generalmente donde iba a caer el turista. Kanchanaburi no tenía escapatoria, si querías una cerveza sin presión alguna, o te quedabas en el hostal o en un excéntrico lugar lleno de libros y una tele donde sólo tenías la opción de un taburete. Sólo 4 disponibles. Nosotros fuimos más afortunados y encontramos, escondido en un callejón un bareto con billar, sin pretenciones, sólo risas y buen rollo.

Ayuthaya apenas la descubrimos. En total diría que recorrimos 4 calles y para de contar, pero seguro que escondía su nido de víbora en lugar de la ciudad.

Un inocente paseo por la ciudad de Phuket, donde parecía haber sólo turismo "high standard", por los precios y la calidad de la comida, me llevó a lo que creía yo, era una zona residencial. Y en efecto lo era, sólo que en dos calles de no más de 100 metros cada una se encontraban los peores vicios de Tailandia. Una calle estaba dedicada a apuestas, con mesas de billar y caras que parecían sacadas de una película sobre la mafia italiana, pero sin los refinados trajes. La otra calle era un burdel en toda regla. No se hacía propaganda, apenas había en cada local un letrero con la dulce cara de una chica Tailandesa. Ninguna se parecía a la de la foto.

Y sin ganas de ver más de lo mismo, no parecía tener sentido seguir visitando el país.