Friday, October 17, 2008

Full Moon Party - Lo que pasó

Yo estaba más centrado en reencontrarme con Steph y Rotem, quienes había conocido en la India (léase http://india-adifferentencounter.blogspot.com) y que se encontraban en otra isla. Y con esa idea salí temprano por la mañana hacia Koh Pha-Nga, lugar donde esa misma noche experimentaríamos nuestra primera "Full Moon Party". La original. Bueno, hay mucho que discutir al respecto.

El Petit iba a reunirse conmigo más tarde, una vez finalizado su curso de submarinismo. Y sin más preámbulos, allí nos encontrábamos. Sumergidos en una marabunta de personas y alcohol. No dudo de la existencia de drogas, pero curiosamente no fui ofrecido en ninguna ocasión. Todo lo contrario a la India, donde te ofrecen desde extasis hasta la peor maría por la calle y rodeado de cientos de personas.

El alcohol era servido en diversas formas según el grado de alcoholemia que quisieras tener en el cuerpo. Una borrachera de las inolvidables que incluyen un dolor de cabeza que dura todo el día siguiente era servida en los típicos cubos de playa, a los que sólo faltaba añadir la pala de plástico. Atrás quedan los inocentes recuerdos de mi infancia construyendo castillos de arena.

Una borrachera moderada, por otra parte, podía ser adquirida mediante las bien conocidas botellas de cerveza. Petit optó sabiamente por la segunda opción, mientras que yo me limité a las menos habituales botellas de plástico con agua en su interior. Recordemos la Ley Seca a la que estaba sometido.

La playa estaba compuesta por bares que iban de una punta a la otra ofreciendo música que se entremezclaba en aquello que todos conocemos como ruido. Si no es que consideramos ruido a la purria de música techno y de los noventa que ponían todos. En la playa la gente bailaba, bebía, hacía malabares con fuego, dormía, hablaba, vomitaba y porque no, también follaba. 

A la fiesta acudimos con Rotem y Steph, y por algún extraño motivo, que no alcanzo comprender, nos pasamos toda la noche siguiendo los deseos de Rotem, caminando de un bar a otro en busca de la música perfecta para bailar. ¡Pero si a mi no me gusta bailar! Esta música es mala, busquemos otra cosa. Al cabo de un rato, esta música me ha cansado, volvamos a movernos. Entre ubicación y ubicación, el Petit se iba encontrando con nuestra amigas de Koh Tao, Naomi, Sophie y Nina que también estaban en la fiesta. Así que entre mensajes localizándolas a ellas y mensajes localizándome a mí, se debería gastar su buen fajo de billetes en factura telefónica, que espero detalle algún día.

Al final de una hora rondando sólo por la playa sin mucho que hacer, pues las chicas se habían ido a comer alguna cosilla y el Monzón estaba con las inglesas, o eso creía yo, recibí la llamada salvadora. Las inglesas se iban a dormir, y como causa y efecto, el Monzón también. Y yo me subí al carro. Un tuk-tuk ocupado por un Nina llorando y vomitando, una pareja de holandeses consolándola, Naomi, Sophie y Monzón, este último, como no, fumando, una lady-boy, un gilipollas terminal y su ligue de la noche.

Una fiesta para olvidar.

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