Sunday, October 5, 2008

Ley Seca

A pesar de todo lo que pueda parecer, no estaba del todo a solas cuando el Petit se metía en el agua. Nuestro Briatore había hecho el trabajo sucio de conocer, en un bar de Bangkok, a dos inglesas que también iban a Koh Tao. Sophie y Naomi.

Ellas, por su parte, habían hecho amistad con una holandesa que viajaba sola. Algo loca, como casi todas las holandesas que he conocido desde que estoy por estos lares. Pero divertida, desde un punto de vista. Hay muchas cosas que dependen siempre de nuestro punto de vista. En fin, que Naomi y Nina tampoco estaban haciendo el curso, así que podía pasar el rato con ellas. Cosa que apenas hice.

Cabe añadir a estas alturas que la taja de la primera noche no sentó muy bien a mi estómago, y el virus que transportaba desde la India había decidido renacer. Así que no estaba ni para ir de compras, ni para Muai Thai, ni para tumbarme a freirme bajo el sol demoledor de estos paralelos. Sólo podía pensar en estar en posición horizontal.

Pero la recaida era peor de lo que esperaba y no tuve más remedio que acudir a un clínico donde me recetaron un colorido de pastillas. Unas para el dolor (blancas), otras para parar en seco las ganas (negras) y otras para matar el bicho (rosas), antibióticos.

Y así comenzo, para mi persona, la Ley Seca que duró hasta la última noche que pasamos juntos.

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